Historia de Yevgenia Savynska, quien, debido a numerosos bombardeos rusos, se evacuó junto con su hija de su pueblo natal
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Antes de la invasión rusa a gran escala, Yevgenia Savynska vivía con su esposo y su hija en el pueblo de Kyinka en la región de Cgernigiv. Numerosos bombardeos constriñeron a la familia a trasladarse a Chernigiv y luego a la región de Khmelnytskyy.
El esposo de Yevgenia es militar y, a fines de febrero de 2022, su unidad estaba estacionada exactamente donde vivía la familia. Un día, los ocupantes rusos bombardearon intensamente el pueblo y mataron a 35 soldados ucranianos.
“Al desmantelar los escombros después del bombardeo, teníamos que reconstruir un muchacho de cinco piezas encontradas. ¿Por qué digo “muchacho”? Porque más tarde encontramos su tocado y documentos. Allí estaba escrito el apellido, el nombre y el año de nacimiento: 1998. Recuerdo que su nombre era Dmytro”, - dijo Yevgenia. También entre los muertos había un hombre que se había retirado una semana antes de la invasión. Cuando comenzó la guerra, dijo que iría a pelear, pedía armas. Murió al cabo de 4 días. Es decir, la persona ya estaba jubilada, no tenía ningún deber de hacer esto.
Durante los ataques enemigos, Yevgenia y su hija se escondían en el refugio antibombas de una casa cercana. Este refugio fue puesto en orden por los habitantes del distrito, se cuidaron de las reservas de alimentos, que solían usar para pik-nik en verano, trajeron bombonas de gas. Después de los bombardeos, no había gas, agua ni electricidad en el pueblo, por lo que estos preparativos resultaron necesarios.
“Por supuesto, no dormimos en absoluto. Todo estaba tronando y temblando. Había mucha gente en el refugio antibombas”, - recuerda Yevgenia sobre los momentos de los bombardeos.
De repente, su hija de once años tuvo miedo de su probable muerte. Yevgenia le preguntó cómo se le ocurrió este pensamiento. A lo que la niña respondió: “He pensado que habrá un manzano, nuestra morera, habrá cielo, habrá sol, pero ya no estaré”. Estas palabras adultas sorprendieron y asustaron a Yevgenia.
Una treintena de personas se escondían en un pequeño cuarto de 20 metros cuadrados. También había mascotas: gatos, perros. Todos sufrieron tanto mental como físicamente: los bombardeos fueron muy intensos. Unos días después, el esposo de Yevgenia la envió con su hija y varias otros vecinos de Kyinka. Más tarde, absolutamente todos abandonaron el pueblo.
De Kyinka, Yevgenia se trasladó a Chernihiv y vivió con los padres de su esposo en el centro de la ciudad. Allí también había mucho ruido, aviones volaban sin cesar, se oían explosiones. Sin embargo, Yevgenia sabía que su presencia en el pueblo fue necesaria, porque ella ayudaba a los militares, pero aquí no sabía qué hacer. Entonces, reunió a sus amigas y vecinas, y fueron a donar sangre.
“Después de donar sangre, salimos de este centro, vimos que había una fila kilométrica para comprar productos, los productos ya escaseaban entonces, y en ese momento un avión voló en dirección a la calle Chornovol. Y muy cerca resonó una explosión, en un radio de 3 km todo resultó destruido. Mis amigos y yo nos escondimos durante unas cuatro o cinco horas. Corrimos con cortas distancias de un refugio antibombas a otro, del otro al siguiente. Aunque se tarda entre 20 y 25 minutos en llegar a casa de los padres de mi marido, mientras nosotras en volver a casa tardamos cuatro horas y media. Los padres, por supuesto, se pusieron grises durante este tiempo. Ya pensaron que no volveríamos”, - dice Yevgenia.
El 17 de marzo, Yevgenia y su hija se fueron a la región de Khmelnytskyy. En aquel momento, no había agua ni electricidad en toda la ciudad de Chernigiv. También era difícil encontrar alimentos. El esposo le pidió a Yevgenia que se fuera con la hija, para que él realizara su trabajo tranquilamente y no se preocupara de ellas.

Unos días después de llegar a Khmelnytskyy, Evgenia se despertó por la noche al oir el llanto de su hija. La niña dijo: “Mamá, ¿por qué yo no le daba importancia a mi vida? ¿Por qué no consideraba importantes a mi escuela, a mis amigos? ¿Mis aficiones?”
La niña aprendía el canto, fue aficionada a la lengua italiana, frecuentaba una escuela de arte. Sus dibujos fueron expuestos en diversas exhibiciones. Y luego dice: “¿Por qué yo no lo apreciaba? Nuestra vida nunca jamás será como fue antes de la guerra”. Fueron estas palabras de su hija las que más impresionaron a Yevgenia. No tanto las bombas en sí, sino el hecho de que la niña recibió tal daño moral.
El material fue creado sobre la base de testimonios recopilados por documentalistas del Grupo de Protección de Derechos Humanos de Kharkiv.
These pictures are created by artificial intelligence. They are NOT real. They are illustrations of the stories we tell. Most of these stories could not have been fixed by the camera. At the same time, there is documentary work by hundreds of Ukrainian and international photographers who produce real, and so much painful, documentation of this war. Check photographs by Oleksandr Glyadelov, Maksym Dondiuk, Mstyslav Chernov and Yevhen Malolietka, Andriy Dubchak, Yulia Kochetova, and many others.