CRÍMENES DE GUERRA DE LA FEDERACIÓN RUSA
Historia de Yulia Beley, que pudo sacar a sus hijos de Mariupol y espera a su esposo de la guerra
Historia de Yulia Beley, que pudo sacar a sus hijos de Mariupol y espera a su esposo de la guerra

Historia de Yulia Beley, que pudo sacar a sus hijos de Mariupol y espera a su esposo de la guerra

Mariupol

AUTOR :

Taras Zozulinskyi

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En los primeros meses de la guerra a gran escala, Yulia Beley, residente de Mariupol, vivía en el sótano con sus hijos, bebía agua de lluvia y enterraba a los vecinos en el patio. El esposo de Yulia es militar y actualmente defiende Ucrania de los invasores rusos.

Antes de la guerra, la familia Beley vivía bien, a menudo viajaba de vacaciones, iba al mar, visitaba el zoológico y los parques locales. La hija mayor de Yulia era alumna de quinto grado en la escuela, las dos menores frecuentaban el jardín de infancia. Yulia trabajaba como panadera en una tienda y le gustaba mucho su trabajo.

El primer bombardeo del 24 de febrero en Mariupol comenzó por la noche y Yulia aún no había ido al trabajo. La mujer agradece a Dios que estaba con sus hijos en ese momento.

Cuando Yulia escuchó el sonido de las explosiones, se dio cuenta de que estaba cerca. Llamó al marido que estaba de guardia y le preguntó qué estaba pasando. Sin embargo, el marido no quería asustarla y dijo que todo estaba bajo control y que se fuera a la cama.

Entonces Yulia oyó una explosión tan fuerte que pensó que las ventanas de su apartamento se habían roto. Ella pensó que era un bombardeo de “Grad”. Pero luego Yulia se dio cuenta de que estaban bombardeando desde el aire.

A las 5 de la mañana, Yulia oyó una nueva explosión, las noticias declararon oficialmente la guerra. “No entiendo por qué ellos (los rusos) quieren esta guerra, no entiendo qué quieren demostrar con esto, pero no obtendrán Ucrania. Tampoco Mariupol. Mariupol seguirá siendo ucraniano”, - dice Yulia Beley.

Después de la explosión, Yulia despertó a su hija mayor y le dijo: “Hija, la guerra ha comenzado”. El hombre la llamó y le pidió que se fuera de la ciudad. Le dijo a su esposa que tomara ropa de invierno y huyera. No importa dónde, pero huir.

Como Yulia no tenía coche, no sabía qué hacer ni adónde ir. Además, tenía muy poco dinero en efectivo para pagar por el transporte. Yulia decidió esperar el amanecer, retirar dinero de la tarjeta y pensar qué hacer.

Después de haber hecho una larga cola en el cajero automático, la mujer retiró efectivo. De camino a casa, Yulia vio tanques ucranianos, vehículos blindados de transporte de personal, “Grad” y mucha infantería.

Luego, el vecino llevó a Yulia y a las niñas al centro de Mariupol, donde en ese momento había menos bombardeos. La mujer y sus hijas intentaron salir de la ciudad en auto, pero fueran detenidas en el puesto de control. Los militares les explicaron que en ese momento había mucho bombardeo desde el aire, y ellas podían morir en el camino.

Luego Yulia fue al polideportivo “Terrasport”, donde había un refugio antiaéreo y donde la gente podía ocultarse. Allí hacía mucho frío, la gente dormía en grandes colchones en el suelo. Las niñas estaban muy asustadas por los bombardeos y preocupadas por su papá. La hija menor de Yulia, de tres años, no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero Ivanka, de seis años, estaba preocupada, tirando constantemente de Yulia, pedía que Yulia llamara al papá. La hija mayor se comportaba muy bien, no mostraba pánico.

Al día siguiente Yulia y un vecino fueron a casa y se llevaron los animales y algunas cosas. En el camino vieron muchos autos quemados y edificios arruinados. Daba mucho miedo volver, ya caían minas cerca. El vecino apretaba muy fuerte el acelerador y rápidamente giraba a la izquierda, a la derecha.

Yulia y sus hijas permanecieron en el refugio de “Terrasport” hasta el 1 de marzo. El polideportivo publicó un anuncio en Internet de que había mucha gente allí y no había más dónde acomodar a todos los que venían. La administración pidió a los que puedan, que vengan y lleven a la gente a casa suya.

Entonces, el 1 de marzo, Yulia y sus hijas fueron a vivir con personas que no conocían: Sergiy y Oksana. La pareja llevó a sus hijos a Malynivka, un pueblo a 20 km de Mariupol, y regresaron para ayudar al ejército ucraniano. El apartamento de Sergiy y Oksana estaba ubicado cerca de “Terrasport”, en el primer piso, en caso de peligro se podía bajar al sótano.

No había calefacción en el apartamento, pero aún había luz, comunicación y agua. Yulia y las niñas todavía podían lavarse y preparar la comida. En algún momento, Oksana propuso llenar la bañera con agua por si acaso. Pues, las hostilidades ya estaban en marcha y cualquier cosa podía suceder.

El 3 de marzo, Yulia se despertó de una fuerte explosión en un lugar cercano. No habia luz ni agua. La familia de Julia, Sergiy y Oksana tomaron ropa de invierno, comida y fueron al sótano. Otros habitantes de la casa también se reunieron allí. Aquel día, los aviones enemigos lanzaron muchas bombas, todo temblaba en el sótano.

Hubo bombardeos graves hasta el 7 de marzo. No hubo contacto con ninguno de los familiares. El 4 de marzo, Yulia intentó irse de Mariupol con sus hijas. Sergiy y Oksana supieron que muchos habitantes de Mariupol organizaron un convoy para irse, y ellos también decidieron aprovechar esta oportunidad. Pegaron la palabra “NIÑOS” en el auto y se pusieron en marcha. Yendo por la ciudad, vieron muchos cadáveres de civiles. Algunos estaban cubiertos, algunos estaban sin sábanos.

Apenas su automóvil se unió al convoy, comenzaron a caer las minas. Las minas cayeron justo en frente de los coches. Los autos trataban de evitar estas explosiones, estos pozos. Pero las minas siguieron cayendo.

"¡Nos dimos cuenta de que cualquier mina podía golpear nuestro auto! Miramos, y frente a nosotros dos autos ya están en llamas. Con la inscripción “Niños”. Y de hecho allí había mujeres conduciendo. Allí estaban niños. Y ya estos dos autos frente a nosotros están en llamas...” - recuerda Yulia.

Sergiy se dio cuenta de que era muy peligroso ir adelante. Se dio la vuelta y condujo atrás. “Cuanto más íbamos, más minas caían detrás de nosotros. Daba miedo mirar alrededor, lo único que hice fue proteger a las niñas con mi cuerpo. Las hice doblarse para que ningún pedazo de proyectil pudiera herirlas” - dijo Yulia. Las personas fueron quemadas vivas en los autos que iban frente al auto de Sergiy. Ellas no pudieron salir de allí.

Yulia regresó al apartamento de Sergiy y Oksana y continuó viviendo allí durante algunos días. Cocinaban comida en la calle con leña, porque el gasoducto ya había cortado. Sin embargo, la mujer entendió que debía salir de Mariupol lo antes posible. Las explosiones se acercaban y se hacían más fuertes, los rusos ya estaban cerca.

Luego cesó el suministro de agua. Afortunadamente, estaba lloviendo aquellos días. La gente recogía agua de lluvia y la bebía. A veces el agua estaba hervida, ya veces no. Cuando terminó el té, Yulia y sus vecinos cortaban ramas de los árboles y preparaban té de cereza.

Para recolectar una mejor agua para los niños, era necesario caminar 1-2 kilómetros. Yulia traía agua bajo el bombardeo. Esto fue muy arriesgado. Cuando los proyectiles volaban cerca, tenía que caer al suelo, boca abajo en el barro, junto a cadáveres humanos.

“Las casas se quemaban todos los días. Tres o cuatro edificios cada día. Una casa, con cinco entradas, fue destruida por una bomba aérea, se derrumbó en el medio. Del noveno al primer piso. Había gente allí cuando cayó la bomba“, - dijo Yulia.

Debido al bombardeo activo, había tantos cadáveres en la ciudad que las personas debían enterrarlos sin ayuda del personal autorizado. Yulia y sus vecinos enterraron a dos militares y dos habitantes del lugar que murieron por pedazos de proyectiles.

A pesar de todos los riesgos, Yulia decidió irse de Mariupol cuando encontró a militares rusos, que estaban estacionados en una escuela cerca de la casa de Sergiy y Oksana. Uno de los ocupantes le dijo a Yulia que si quería irse tenía tiempo hasta las 16:00. Sin embargo, era posible ir sólo en dirección a la llamada República Popular de Donetsk.

Aunque el esposo de Yulia le advirtió que no usara el corredor verde de la República Popular de Donetsk bajo ningún concepto, ella no tuvo otra opción. Ella y sus hijas podían morir en Mariupol.

Al final, Sergiy llevó a Yulia y a sus hijas a Volodarske. Había banderas rusas y soldados rusos por todas partes. Julia dijo a una voluntaria que quería ir a Mangush. La muchacha respondió que todos fueron enviados desde allí sólo a Rostov. Yulia no pudo ir a Rusia. En primer lugar, no quería. Y en segundo lugar, ella es la esposa de un soldado ucraniano, podría ser capturada o asesinada allí.

Finalmente, Yuliya encontró personas que viajaban en dirección a Ucrania. A pesar de los exhaustivos controles de los rusos, llegaron a Berdyansk. Desde allí, Yulia con las hijas fueron a Zaporizhzhia y luego a Lviv. Hoy Yulia llevó a tres hijos a Polonia y su esposo continúa luchando por una Ucrania libre e independiente.

El material fue creado sobre la base de testimonios recopilados por documentalistas del Grupo de Protección de Derechos Humanos de Kharkiv.

These pictures are created by artificial intelligence. They are NOT real. They are illustrations of the stories we tell. Most of these stories could not have been fixed by the camera. At the same time, there is documentary work by hundreds of Ukrainian and international photographers who produce real, and so much painful, documentation of this war. Check photographs by Oleksandr Glyadelov, Maksym Dondiuk, Mstyslav Chernov and Yevhen Malolietka, Andriy Dubchak, Yulia Kochetova, and many others.